31 enero, 2016

El vivismo cultural y anti-desarrollo en Costa Rica

El desarrollo es uno de los términos más difíciles de definir, especialmente por la profunda complejidad que ofrece en sus distintas ramas. Es aún más difícil incluirlo en la sociedad costarricense, donde pareciera una tradición adoptar el desarrollo a ciertas pautas de mediocridad de comunidad y no viceversa.

“La cultura” – por su parte – “es un saber del que no tiene uno que acordarse, fluye espontáneamente” aclaró el filósofo Diógenes centenares de años antes del nacimiento de Jesucristo, sin embargo es también un fenómeno que se desarrolla y se moldea a las sociedades, respetando en esencial sus particularidades.

Recientemente en Costa Rica nos hemos basado en criticar los anti-valores en los gobiernos que nos han liderado pero hemos olvidado que cada gobierno es consecuencia de la sociedad y no viceversa. La falta de capacidad en la toma de decisiones constructivas proviene de una tendencia que se ha adherido como un cáncer a la cultura costarricense en las últimas dos décadas y la impotencia gubernamental es un claro reflejo de lo que nuestra sociedad vive día a día.

Me estaba cuestionando – por ejemplo – la incoherencia en el tema del marchamo: las partes responsables oficializaron que había existido un error en el sistema que aumentó el precio de algunos vehículos, sin embargo lejos de corregir su error exigieron a las personas que uno por uno “demostraran” el error para proceder a analizar si realizaban el ajuste pertinente. ¿No hubiera sido más coherente aceptar el error, hacer la corrección en el sistema y simplemente desplazar la fecha de pagos hasta el mes de marzo en lugar de lanzar a los tráficos como buitres a multar desde el primero de enero?

Responderé yo mismo: obviamente no, porque nuestra nueva cultura no nos deja, aquella que hemos desarrollado y se basa en el “vivismo”, sí, la misma que trata de “sacar ventaja en aquello donde no debemos” y cualquier ganancia mínima – legítima o no – es valiosa siempre y cuando no sea perjudicial a quien la ejecuta.

¿Por qué demorar tres meses y por qué hacer la corrección en el sistema si se podrán recolectar fondos irregulares de aquellos quienes no hicieron la solicitud del cambio – además de las multas? Ni mencionemos el hecho de que el marchamo que pagamos en Costa Rica es de los más altos del mundo, y si consideramos la pésima infraestructura vial que tenemos, aparte de nuestras continuas visitas a talleres – donde por cierto también pagamos impuestos – porque los vehículos se despedazan en estas vías.

Parecido a como miembros del gobierno acusan al caos vial por la imprudencia de manejar al volante y alegan que la velocidad es el causante de gran parte de los accidentes en el país, yo diría más bien que es algo más sencillo: “manejar mal” – curiosamente he podido presenciar como los oficiales de tránsito se esmeran más en detener a quien tiene restricción vehicular que a quien cambia de carril sin direccional, que entra a las rotondas por el carril derecho para virar hacia la izquierda y motociclistas que se pasean entre los vehículos como si de abejones de mayo tratase.

Por supuesto, ¿cómo corregir un problema que va más allá de su funcionamiento? ¿Será que nadie ve que el verdadero problema es nuestra enseñanza vial ridícula? El tico promedio no sabe manejar, un examen teórico de principiante y otro práctico que se realiza ilimitadamente no demuestra nada de conocimiento de conductor…

¿Por qué no crear un curso completo, detallado y obligatorio de enseñanza teórica del manejo e impartirla en varias sedes universitarias o secundarias estatales? Eso sí, dando un castigo de un año a aquellas personas que fallen dos veces el intento – al igual que en el examen práctico. Ésa sería una manera congruente de mejorar el nivel de la educación vial e incluir un aire de responsabilidad y compromiso en los futuros conductores.

Pero claro, afecta al buen negocio para la mencionada cultura “vivista”, porque implicaría trabajar más para obtener menos. Misma filosofía que respetan todas aquellas personas que se quejan de los asaltos pero prefieren visitar negocios clandestinos para adquirir equipos de tecnología de la nueva era de segunda mano sin facturación dando alas al mecanismo de compra y venta ilegal.

Así es la realidad que observamos en algunos estacionamientos, donde más de uno roba el espacio disponible para personas discapacitadas con tal de tener más comodidad donde no le corresponde; ¿y qué me dicen de los supermercados? A todos aquellos que les da pereza hacer fila en una caja congestionada, van a adelantarse en la caja preferencial o la caja rápida; ¿creen que no vieron el letrero de “prioridad adultos mayores” o “máximo 10 artículos” cuando ingresaron con su carretillo lleno de productos y además empujando a otros clientes que sí correspondían al uso de ese espacio?

En eso nos hemos convertido, lejos de perder valores los hemos ocultado bajo la inequívoca cultura del “vivismo”, donde sacar ventaja del momento y la situación para luego salir a la calle y quejarnos porque otros hacen lo mismo - es ya una religión. Una sociedad de aprovechados.

No crean tampoco que esto sea un espaldarazo al gobierno, porque no lo es. Empujar nuevos impuestos ante la impotencia de cobrar con regularidad y orden los que ya están establecidos es otra muestra de esta anti-cultura; no se necesita tener color político ni educación profunda de economía para comprender que es una completa desfachatez: sofocar a quienes sí cumplen - sin comentarios.

Pero tampoco utilicemos esta cuestión cultural como excusa de la pésima administración de fondos públicos, por el tamaño de nuestro país no requerimos meses para realizar un estudio de control de calidad – nuestra infraestructura vial es un completo desastre; lo peor es que las soluciones propuestas son las mismas que se proponen hace más de dos décadas, ¿cómo esperar resultados diferentes? Habría que hacer borrón y cuenta nueva, comenzar por despedir a todos los inoperantes a cargo del sector responsable.

Muchas veces he criticado el caso del tren, cosa que me ha llevado ser blanco de respuestas crueles desde la sociedad, pero debo insistir: eso que tenemos arrastrándose por la Gran Área Metropolitana no es un medio de transporte aceptable para un país con las capacidades que posee Costa Rica. Nosotros podemos y merecemos más que eso.

Mencionemos también la seguridad, ¿qué decir de los crímenes?, personalmente he denunciado casos con presencia de material de vídeo y testigos, para ver a los delincuentes caminar libres por las calles un día después de ser arrestados ya que los jueces no vieron en ellos “razones suficientes para arrestarlos”, ¡ni les obligaron a devolver la mercancía robada ni enmendar el daño realizado!

Que sean juzgados los criminales y sean multados económicamente – convertido en horas laborales; que sean ellos quienes salgan a trabajar en infraestructura y tengan un salario “mínimo” que indirectamente vaya pagando por su crimen y el servicio de alimentación y hospedaje en las cárceles. No hay nada de negativo en enderezar a un criminal enseñándole que puede trabajar y hacer las cosas bien.

Compatriotas, lo cierto es que parecemos locos, estamos haciendo el ridículo entre tanta burocracia y metodismo. Queremos comprender y tolerar las cosas con la idea de que lo hacemos como una sociedad civilizada pero nos estamos engañando solos, no somos más que un grupo una sociedad de ególatras donde todos “menos yo” son culpables, excusa que hasta los ministerios y diputados se andan tirando de un lado a otro.


Necesitamos cambiar ahora y ejecutar lo que todos sabemos pero no aceptamos en nosotros mismos, es urgente también que denunciemos de forma colectiva la inmoralidad en todos los compañeros en sociedad y exigir a cada líder social y político compromiso ante nuestras verdaderas necesidades. 

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