17 mayo, 2016

No es cuestión de género - Shirley vs. Keylor

Recientemente el pueblo costarricense se ha acostumbrado a los éxitos individuales y colectivos de sus representantes en el deporte rey del mundo, enhorabuena; sin embargo, hay un tema – que como todo en la actualidad – se ha utilizado para generar un debate de género.

El orgullo costarricense por los reconocimientos de Shirley Cruz, jugadora del Paris Saint-Germain (PSG) tanto en torneos locales de Francia como continentales en Europa, está en un enorme auge; está claro que Shirley – como la extraordinaria jugadora y persona que es – ha demostrado que puede llevar muy en alto la bandera de Costa Rica.

Sin embargo, el éxtasis mediático y social ha sido por la reciente clasificación de Keylor Navas a la final de la Liga de Campeones de Europa con el club Real Madrid de España; hecho que ha llevado a muchos a criticar a la sociedad por subrayar tanto a Keylor cuando ya hace ratos Shirley ha sido una batuta en esta competición, en su versión femenina.

Claramente, como indiqué antes, se ha convertido esto en una ironía para el trato de la desigualdad de género, cosa que me parece una absoluta exageración. Considero grato el éxito de Shirley Cruz y lo he celebrado con mucha benevolencia, pero si realmente se desea hablar de equidad de género entonces habría que hacer una comparación directa entre cada torneo – sin importar el género – para descubrir cuál de las dos competiciones merece ser más homenajeado.


Fuente: amprensa.com

Hablemos de la Liga de Campeones Masculina y de la Liga de Campeones Femenina como si habláramos de comunidad y vecindario, como si fueran dos entes de exactamente lo mismo – puesto que lo son; y realicemos una comparación equitativa y justa de ambos torneos:

La Liga de Campeones Masculino se ha jugado desde el año 1955, siendo uno de los torneos de clubes internacionales más antiguos de la historia de los deportes, en el cual actualmente el vencedor obtiene por encima de 70 millones de euros, sin mencionar a los demás clubes que por el paso de cada ronda logra acumular cifras milenarias como el caso de la Juventus en la campaña 2014-15(89 millones de euros). Las empresas más grandes e importantes del mundo han sido directamente financiadoras de este torneo, actualmente MasterCard, PepsiCo, Nissan, Heiniken, Sony y Adidas son de los más importantes; esto para tener como referencia la cantidad de fondos que se incluyen en cada campaña.

Sin embargo lejos del aspecto financiero y mediático, el fútbol es practicado a nivel profesional en el 85% de los países del antiguo continente, los cuales cuentan con ligas altamente profesionales, mientras el 100% de las naciones tienen clubes licenciados y selecciones nacionales de competencia oficial.

En cambio la Liga de Campeones Femenina se fundó en el año 2001 y el fondeo aún no logra cubrir los gastos de muchos clubes que deben aportar para equipo, transporte y hospedaje. Sin embargo el número de inversionistas está aumentando diariamente e inclusive ciertos medios de deportes masivos han comenzado a transmitir este y otros torneos por el mundo entero.

En cuanto a la competitividad en el fútbol femenino en Europa, aún está en pantalones cortos, ya que son menos de 10 países los que poseen una liga profesional como tal y no son todas las asociaciones de fútbol continental que tienen una estructura para el fútbol femenino. Aunque hay que reconocer que la UEFA ha instaurado recientemente una cláusula en el que prácticamente obliga a todos los asociados tener una selección tanto masculina como femenina, asimismo impulsando otras ramas como fútbol sala y fútbol playa, los cuales por cierto están en peores condiciones que cualquier tema de género.

Así que debemos aclarar que no es lo mismo, es obvio que el fútbol femenino está en pantalones cortos en la parte organizativa, pero si comenzamos a ver la organización que tenía la Liga de Campeones Masculino quince años tras su fundación con la que posee actualmente la Liga de Campeones Femenino quince años tras su fundación, descubrirán muchas ventajas que mejorarían la forma en que vemos el panorama.

Está claro que todos quisieran que estemos hablando de un auge del mismo estatuto, pero no podemos pretender que cualquier torneo – sea este jugado por hombres, mujeres, burros, burras, caballos, yeguas o lo que sea – recorra 70 años de historia en 15… El simple hecho de desearlo carece de realismo, pero resulta inclusive estúpido utilizarlo como excusa para una confrontación de género, que de por sí no falta en nuestra sociedad. Esto, compañeros, es negocio… Y los negocios no logran tener éxito de un día para otro, todo está bien, todo va bien, pero hay que tener paciencia.

Ahora bien, si queremos criticar el hecho de que el fútbol se abrió de forma tardía en la comunidad femenina entonces ya estamos escarbando un problema mucho más profundo e histórico, ya que los roles eran mucho más polarizados antaño – pero el prestigio de los torneos no tienen culpa en eso; aquí también habría que aclarar que los primeros pasos del fútbol masculino jamás tuvieron el apoyo que los primeros pasos del fútbol femenino profesional han tenido; está claro que socialmente y culturalmente aún no tienen el auge que se desearía tener – pero es porque el rasgo futbolístico actualmente tiene muchos variables, los cuales conforme vayan desarrollándose darán más y mejores oportunidades.

Veamos las lecciones aprendidas de los torneos continentales en el fútbol masculino, las confrontaciones de barras, la corrupción; todo lo que el fútbol ha atravesado por tantos años ahora parece más transparente y el fútbol femenino tiene la oportunidad de desarrollarse sin ser manchado de esos errores de prueba, cosa que le da un valor agregado admirable y que se denota en cada partido que se observa.

De esta forma, no debe generar miedo en la sociedad aceptar que el hito de Shirley Cruz es de admirar, reconocer y celebrar; pero el logro de Keylor Navas es superior no porque sea hombre o porque juegue en un deporte para hombres, sino porque alcanzó la final en un torneo con mucha más antigüedad, mucha más competitividad, mayor trascendencia, mayor premiación y por ende mucha mayor exigencia; algo así como si comparáramos la Liga Europea con la Liga de Campeones… 

Esto no es cuestión de género.

No hay comentarios: